Extractos Marianos
115 ¿La Santa Madre en las Horas de Luto por su Hijo?
"Cuando se acabó el sábado, Juan vino con las santas mujeres, lloró con ellas, y las consoló. Se fué poco después; entonces Pedro y Santiago el Menor vinieron a verlas con la misma intención, pero estuvieron poco con ellas.
Las Santas mujeres: mostraron otra vez su dolor envolviéndose en sus mantos y sentándose en la ceniza.
Mientras la Virgen Santísima oraba interiormente, llena de un ardiente deseo de ver a Jesús, un ángel vino a decirle que fuera a la pequeña puerta de Nicodemo, porque el Señor estaba cerca.
El Corazón de María se inundó de gozo: se envolvió en su manto, y dejó a las santas mujeres sin decir a nadie nada. La ví ir de prisa a la puerta pequeña de la ciudad por donde había entrado con sus compañeras al volver de sepulcro.
Podían ser las nueve de la noche: la Virgen se acercaba a pasos precipitados hacia la puerta, cuando la vi pararse en un sitio solitario. Miró a lo alto de la muralla de la ciudad, y el alma del Salvador resplandeciente bajó hasta María, acompañada de una multitud de almas de Patriarcas.
Jesús, volviéndose hacia ellos, y mostrando a la Virgen, dijo: "¡María, mi Madre!". Pareció que la abrazaba, y desapareció. La Virgen se arrodilló y besó la tierra en el sitio donde había aparecido.
Sus rodillas y sus pies quedaron impresos sobre la piedra, y se volvió llena de un consuelo inefable a las santas mujeres, que encontró ocupadas en preparar ungüentos y aromas.
No les dijo lo que había visto, pero sus fuerzas se habían renovado; consoló a las otras, y las fortaleció en la fe. Cuando María volvió, vi a las santas mujeres cerca de una mesa larga, cubierta con un paño que llegaba al suelo"., Cfr. "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", Beata Sor Ana Catalina Emmerick, Tomo IV, Libros I y IX, Capítulo LXI, Págs., 191-192, Extractos. Con Aprobación Eclesiástica.
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