Hijas de la Sagrada Familia

HIJAS DE LA SAGRADA FAMILIA

Somos una Comunidad de vida contemplativa. En el ocultamiento de la clausura, ofrecemos a Dios la inmolación de nuestras vidas por la Iglesia, por su santificación y salvación. Nuestra vida es un sacrificio perenne a Dios en unión con su Hijo Jesús para redimir a la humanidad: a los sacerdotes, a los religiosos, a los misioneros, a los laicos, a los creyentes y no creyentes en nuestra fe, a los ateos, a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

 

  •  Al don de Cristo-Esposo, que en la Cruz ofreció todo su cuerpo, la monja responde de igual modo con el don del « cuerpo », ofreciéndose con Jesucristo al Padre y colaborando en la obra de la Redención. De esta forma, la separación del mundo da a toda la vida de clausura un valor eucarístico, « además del aspecto desacrificio y de expiación, adquiere la dimensión de la acción de gracias al Padre, participando de la acción de gracias del Hijo predilecto ». (Verbi sponsa instrucción sobre la clausura de las monjas, 3)


NUESTRA ESPIRITUALIDAD: vivir la consagración total a Jesús por María.

Solo María, quien amó perfectamente a Dios con todo su ser, nos llevará a amar a su hijo como ella lo hizo, y como se lo enseñó al discípulo amado, quien lo acompañó hasta la muerte de cruz.
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Así, vivimos haciéndolo todo con ella, por ella, para ella y en ella, de esta forma lo haremos todo mejor con Jesús, por Jesús, para Jesús y en Jesús.

Hacemos un cuarto voto en la profesión religiosa: el voto de esclavitud Mariana.