Nuestro carisma

Carisma

 Orar, vivir y trabajar con verdadera entrega y testimonio para que el   Hijo de Dios, se encarne en cada hombre y sea glorificado por todos y en todo.


Tenemos como modelo a la sagrada Familia de Nazareth, en ella vivió el verbo de Dios, a ella podemos imitar para que también Él se encarne en nuestra vida y podamos darlo y enseñarlo a los demás, hasta que Él sea una prolongación misma en toda la humanidad.

¿Cómo es un día en nuestra Comunidad Contemplativa?

Todo nuestro día, discurre en el deseo de ser el amor para la Iglesia. Recordamos las palabras de Juan Pablo II al dirigirse a las Comunidades de vida Contemplativa:

«Os encomiendo la Iglesia, os encomiendo los hombres y el mundo. A vosotras, a vuestro "holocausto" me encomiendo yo mismo, Obispo de Roma. Estad conmigo, cercanas a mí, vosotras que estáis "en el corazón de la Iglesia". Que en la vida de cada una se realice lo que fue programa de Santa Teresa del Niño Jesús: "en el corazón de la Iglesia seré amor"» (Discurso de Juan Pablo II a las religiosas de Roma. 10/11/1978)

Vivimos la santa misa todos los días: ella es la raíz y la fuente de nuestra vida interior.

Rezamos las siete horas litúrgicas: salmodiamos con el canto gregoriano, el cual es un bellísimo don que nos ha dado la Iglesia para alabar a Dios, por medio de él, se hace más solemne el rezo de la liturgia y se eleva el espíritu a la unión con Dios.

Tenemos la adoración perpetua: tenemos horas de adoración Eucarística, en el día y en la noche. Una de ellas, es dedicada a la contemplación de la pasión, crucifixión y muerte de Jesús.

Rezamos el santo rosario: renovamos nuestra unión a María Santísima meditando con ella los misterios de la vida de Jesús.

Hacemos la lectio Divina: por medio de ella, aprendemos a imitar a la Virgen María que guardaba la palabra de Dios en su corazón. (Lc 2, 19)

Trabajamos: dedicamos parte de nuestro tiempo a realizar labores manuales y de casa.

Estudiamos: dedicamos parte de nuestro tiempo para el estudio de la Palabra de Dios, de la tradición de los Padres, de los documentos del Magisterio, de la liturgia, de la espiritualidad y de la teología, como base doctrinal de la formación. (Verbi Sponsa, 22)

Hacemos todos los días horas de recreación: en los recreos, descansa nuestro cuerpo y el alma del trabajo hecho durante el día, recobrando fuerzas por medio de la alegría que vivimos en los juegos y en las actividades de sano esparcimiento.