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Testimonio de Ana María Casallas Colorado
miércoles, 08 de junio de 2011
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Ana María Casallas Colorado fue a un retiro en la ciudad de Bogotá el 14 de enero de 2010 y hoy nos cuenta su hermoso testimonio.

 

Soy Ana María Casallas Colorado, tengo 20 años y yo me vanagloriaba en el pecado. Todo en mi estaba mal. Me sentía sola, malgeniada, estaba enferma tenia lupus, discutía con todo el que se me atravesaba, mantenía una relación no permitida. De los antitestimonios más grandes ese era yo.


Era una persona que vivía deprimida, Juzgaba a los demás aun cuando yo era la que andaban peor, vengativa, soberbia, era oscuridad total; ni siquiera en la calle era luz, porque me la pasaba de rumba en rumba, tomando, de todo, aun cuando seguía muchos designios supuestamente que habían en mi corazón, realmente yo era la persona que no tenia esperanza, me había intentado quitar la vida muchísimas veces. Había perdido un bebe a mis 18 años faltándome un mes para dar a luz, y sentía el rechazo de todo el mundo. Me sentía tan sola. Incluso no podía dormir, me asustaban, era algo terrible, desde pequeña recuerdo esto.

Mi experiencia en el Retiro: Realmente son muchas las cosas que te empiezan a interesar en el retiro, como cuando muchos servidores dicen hay una palabra en determinado momento para ti. Fui invitada por una servidora, fuimos amigas en el colegio, cuando me fui a subir al bus le dije: vamos a ver qué pasa. La verdad en medio de todo tenía la esperanza de poder cambiar mi vida como la de ella, poder ponerme en pie, pero todas las cosas que tenia eran tan terribles que no veía ni una gota de luz.

Cuando empezaron la charla de aborto, me toco mucho ya que yo amaba a mi hijo, y es un tema que me duele mucho. Y el Espíritu Santo empezó a obrar; pero el momento crucial fue cuando empezó la adoración al santísimo, cuando empecé a pensar en cuanto había sufrido yo por mi terquedad, por ser rebelde y caí en llanto; empecé a pensar en salir corriendo de ese lugar, no podía dejar de llorar, quería salir y acabar con mi vida en ese momento. Pero gracias a Dios, el me protegió y después salí de allí, y mientras todos fueron a comer me quede con mi amiga, diciendo muchas cosas que había sentido mi corazón, el dolor que me causaba estar con una persona que no podía, la muerte de mi hijo, el odio contra mi padre y muchas cosas que no se, porque las dije, pero era lo que muchas veces estando sola en mi casa las pensaba. Le recriminaba sobre algunas bases de la iglesia, le decía cuanto odiaba a todos los de mi parroquia porque ellos me juzgaban y no paraba de llorar, le decía que no quería vivir, que para que, que donde estaba Dios si no me ayudaba, si me dejaba sola...y cosas que en el momento y desde antes lo sentía, me juzgaba a mí misma, por ser un antitestimonio total sobre la iglesia, por no hacer las cosas como eran, por pensar en sueños que no cumplía, por infinidad de cosas que nadie se alcanza a imaginar...


Mi vida Actualmente: En el retiro pude perdonar a mi padre, pude perdonar a la persona con la cual llevaba muchos años de relación, pude reconciliarme con mi iglesia, y sobre todo me pude perdonar a mí misma. Cuando llegue, estaban las mismas cosas, estaba mi padre con ese corazón duro de siempre, esa persona seguía y aunque no la veía y no nos hablamos sabía que estaba, y estaba los mismos espacios donde algunas veces intente quitarme la vida. Y allí mismo empecé a ver a todas las personas que de alguna manera yo había contado con ellas en mi vida y le había dañado su inocencia diciéndole las debilidades de mi iglesia. Y el primer paso que di cuando salí fue escribirle una carta a mi papá pidiéndole perdón por todo el daño que le había hecho, por cuantas veces le había recriminado sus actitudes, sus pensamientos y ofrecer mi vida y la de cada uno de los miembros de mi familia a Dios, participar en la EUCARISTÍA, y eso sí, HACER EL ROSARIO TODOS LOS DIAS.

Mi familia ha cambiado mucho ahora puedo dialogar con ellos más que antes, no me siento sola porque sé que Cristo está conmigo. Hoy soy una mujer sensible al dolor del otro, diría demasiado sensible...a esa persona con la cual tuve esa relación, oro por ella, una palabra que escuche en el retiro me hizo pensar cuantas veces había estado pidiéndole a Dios por su vocación y pues nunca me había quitado de ser esa tentación, escuche: con la tentación no se habla. Así que por el momento prefiero fortalecerme en la fe, y orar por él. Todos los días sufro constantes ataques de satanas, muchísimos, pero la sangre de Cristo me cubre de misericordia y me protege de todo mal, y me hace fuerte a la tentación, hoy en dia llevo tres semanas en las que duermo como un angelito, puedo dormir con tranquilidad, puedo soñar cosas nuevas, hoy siento que después de 20 años de oscuridad por fin hay una luz y lo mejor es que resplandece en mi. Nada es fácil, pero con Cristo hacemos un equipo y es el mejor.