| ¿El Caso de Santa Catalina de Siena? |
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jueves, 24 de marzo de 2011 Lecturas: 1020 |
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Santa Catalina de Siena ( 1347 - 1380 )
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Nace en Siena, Italia, hija menor en un hogar de 25 hijos. La espaciosa casa de sus padres, en la altura de la ciudad, ha sido conservada muy cuidadosamente por los sieneses y es visitada cada día por centenares de peregrinos. De su padre heredó la bondad de corazón, la caridad para con los pobres y una bondad inalterable. De la mamá heredó un gran amor por el trabajo y una admirable energía para emprender labores difíciles y vencer dificultadas. A los seis años, Catalina tiene la primera experiencia sobrenatural. Era una niña alegre, bulliciosa y vivaracha. Pero viajando con su hermano Esteban, de pronto se quedó como clavada en el suelo y no respondía a los llamados del hermano. Al fin éste logró a empujones sacarla de su éxtasis. La niña empezó a llorar y a decir: "Oh Esteban: ¿Por qué me quitaste la hermosa visión que estaba contemplando?". Se le había aparecido Jesucristo en un trono de gloria, rodeado por los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Juan y le había pedido que dedicara su vida entera a amarlo a El y a hacerlo conocer y amar por los demás. Desde ese día Catalina es una persona totalmente distinta. Parece que ya no vive para lo material sino sólo para lo espiritual. Aun en sus juegos con las otras niñas lo que busca siempre es hacer conocer y amar más a Jesucristo. Por consejo de sus padres y ante la insistencia continua de su hermana, Catalina empieza a arreglase, vestir a la moda, a teñirse el pelo y a llenarse de coloretes. Tiene 12 años. Pero de repente, su hermana, que estaba recién casada, muere al dar a luz el primer hijo. Ante el cadáver de esa joven a la cual ella tanto amaba, Catalina promete que no buscará más lo mundanal y material sino solamente lo espiritual y sobrenatural. Es lo que ella llamará su "conversión". Sus primeros cuatro años de Terciaria Dominica son de intensos sufrimientos, persecuciones de los familiares, burlas, calumnias e incomprensiones de la gente. Sus instintos de maternidad renacen con toda la furia de la naturaleza juvenil. Una angustia continua por la conversión de los pecadores la hace sufrir intensamente. Muchos sacerdotes dudan de ella. Los sabios doctores dicen que es una pobre ignorante que se las quiere dar de sabia mística. Los corrillos de los lavaderos, de las esquinas y de las reuniones elegantes hablan muy mal de ella. Tentaciones terribles la asaltan. A veces pierde el gusto por la oración y por la meditación. Es lo que los santos llaman "la noche oscura del alma", un martirio íntimo que la está preparando para recibir grandes mensajes de Dios. Un día al empezar la Cuaresma de 1366 se le aparece Nuestro Señor Jesucristo acompañado de su Santísima Madre la Virgen María, y le acepta la consagración total que ella ha hecho de su vida en honor del Redentor y le coloca un anillo esponsal en un dedo de la mano, prometiéndole que su amistad será eterna y totalmente fiel. Desde ese día hasta su muerte, Catalina sentirá siempre en un dedo un anillo, que nadie ve, pero que ella siente perfectamente. Jesucristo le ha pedido que se dedique a atender a los pobres. A tratar de convertir pecadores y a dar buenos consejos a los que lo necesiten. Ella apenas va a cumplir sus veinte años, y desde ese día se dedica a buscar enfermos para atender, pobres para ayudar, pecadores para convertir y gentes para aconsejar. Jesús le hizo una promesa admirable: "Cuida de Mí y de mis intereses que yo cuidaré de ti y de los tuyos". Eso se cumplió admirablemente. Uno de los tormentos que más hicieron sufrir a esta santa fueron las tentaciones contra la pureza. El demonio le presentaba las escenas más infames, y ella sentía un horror inmenso. Un día le dijo a Nuestro Señor: "Oh Cristo, ¿a dónde te fuiste cuando me asaltaban esos pensamientos tan terriblemente impuros?", y Jesús le respondió: "Yo no me fui lejos. Yo estaba dentro de tu corazón presenciando tus combates". Pero Señor: ¿cómo te podías estar allí ante la presencia de tentaciones tan horrendas? Y Cristo le respondió: "¿Qué sentías ante esas imaginaciones, gusto o asco? El asco más repugnante que imaginarse pueda. Pues ese asco te lo daba yo", le dijo Jesús. "Ahora ya me has demostrado que sí me amas de verdad, al rechazar las tales tentaciones". Después de la comunión casi siempre quedaba en éxtasis. Muchas gentes la vieron elevarse del suelo mientras hacía oración. En 1378 redacta su famoso libro, Los Diálogos. muere en Roma a la edad de 33 años. El Papa Pío II la declaró santa y Pablo VI la proclamó "Doctora de la Iglesia". , Cfr. Iglesia Potosina, Conociendo a los Santos, Extractos. "Santa Catarina de Sena hazía oración, y era de mucha eficacia. Rogó a Dios, luego que murió su padre, que fuesse libre de las penas de Purgatorio, y padeciesse ella por él algún particular dolor, y desde aquel punto le tuvo en los riñones, que no poco tormento le dava, señal clara y manifiesta de que Dios la avía oído. Murió a pocos días su madre sin confessión. Púsose en oración Catarina, y permaneció tanto en ella, que resuscitó, y vivió después muchos años. También fue cosa notable que Andrés Nadino, ciudadano de Sena, hombre viciosíssimo, estando enfermo y para morir, sin quererse confessar, aunque muchos religiosos le pedían que lo hiziesse, hizo | por él oración Catarina, y enternecióse su coraçón a confessarse y tener grande dolor de sus pecados. Passavan dos hombres facinorosos atenazándolos por la casa de una discípula de la santa, llamada Alexia, adonde ella se halló a la sazón, porque, aunque vivía en congregación con otras religiosas del hábito de Santo Domingo, ni ella, ni las demás, estavan encerradas, sino que salían a Missa y a otros negocios importantes, con toda honestidad y recato. Llevavan, pues, a aquellos miserables hombres, sin que pudiessen muchos religiosos que los acompañavan traerlos a que tuviessen dolor de sus pecados, antes blasfemavan de Dios, Nuestro Señor. Tuvo dellos lástima Catarina, considerando su perdición, hizo oración por ellos, y no sólo cessaron de dezir aquellas blasfemias, antes, con grande dolor y contrición de sus pecados, los confesaron, y murieron penitentes. Refiérelo Surio, tomo segundo"., Cfr. "Discurso cincuenta y nueve, de la oración. Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum", (1594), de Alonso de Villegas.
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