miércoles, 02 de noviembre de 2011 Lecturas: 676 |
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“María es siempre el camino que conduce a Cristo” (Pablo VI).
Toda la razón de ser de las prerrogativas de María está en su función de Madre de Dios.
Todo el que se ha acercado a María es para terminar en Jesús. no se puede concebir un amor a María, que no germine en un amor a Cristo, ya que Él es el centro de nuestra vida y todo lo demás son medios para acercarnos a Él. |
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miércoles, 08 de junio de 2011 Lecturas: 6418 |
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Nuestra vida debe estar ordenada a nuestro ultimo fin, Dios; y no podemos ir al Padre si no es por Jesucristo, al que debemos recurrir en cada instante. Todas nuestras devociones deben orientarse a unirnos con Cristo y a transformarnos en El. San Luis María nos dice: "Jesucristo, nuestro Salvador, verdadero Dios y verdadero Hombre, debe ser el fin ultimo de todas nuestras devociones. De los contrario serian falsas y engañosas. No trabajamos sino para hacer a todos los hombres perfectos en Jesucristo..." |
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jueves, 11 de diciembre de 2008 Lecturas: 3266 |
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Por San Luis Maria Grignion de Monfort
[1] Ya que la divina Cruz me tiene escondido y me prohíbe hablar, no me es posible -y tampoco lo deseo- hablaros, para manifestaros los sentimientos de mi corazón sobre la excelencia de la Cruz y las prácticas santas que os permitan uniros en la Cruz adorable de Jesucristo.
Sin embargo, hoy, el día último de mi retiro, salgo, por así decirlo, del encanto de mi interior, y trazo sobre este papel algunos breves dardos de la Cruz, para que atraviesen vuestros benditos corazones. Dios quisiera hacerlos penetrantes no con la tinta de mi pluma, sino con la sangre de mis venas. Pero, ay, aunque ella fuera necesaria, es demasiado criminal. Sea, pues, el Espíritu del Dios viviente la vida, la fuerza y la esencia de esta carta. Sea su unción santa su tinta. Sea mi pluma la divina Cruz, y sean el papel vuestros corazones. |
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sábado, 17 de mayo de 2008 Lecturas: 7150 |
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Oh Jesús, Sabiduría eterna y encarnada, te adoro en la gloria del Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal de María, en el tiempo de tu Encarnación. Te agradezco que hayas venido al mundo, - hombre entre los hombres y servidor del Padre - para librarme de la esclavitud del pecado. Te alabo y glorifico porque has vivido en obediencia amorosa a María, para hacerme fiel discípulo tuyo.
Desgraciadamente, no he guardado las promesas y compromisos de mi bautismo, no soy digno de llamarme hijo de Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre, esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Sabiduría Encarnada. |
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